Nadie escarmienta en cabeza ajena.
Los alemanes siguen sin confiar en el Canciller, pero él no se entera y no dimite porque es un acomplejado. Y, como el Hombre siempre tropieza en la misma piedra, los rojos están de vuelta.
Los alemanes siguen sin confiar en el Canciller, pero él no se entera y no dimite porque es un acomplejado. Y, como el Hombre siempre tropieza en la misma piedra, los rojos están de vuelta.