La alternativa del diablo

Imaginad un país de ciento cinco millones de habitantes. Un país grande situado en un lugar muy sensible, muy estratégico, un país gobernado desde hace sesenta años por militares. Un país rodeado de conflictos y guerras civiles. Un país que tiene las llaves de la estabilidad en toda la región. Un país cerca del caos. Se llama Egipto.
La mitad de la población vive por debajo del umbral de la pobreza. Esto es así por dos motivos. El gobierno ha anulado las ayudas sociales y la primera de ellas era la subvención del principal alimento del país, el pan. La segunda razón es que el estado está quebrado y sobrevive únicamente gracias a la deuda emitida y los créditos.
Es un país cuyos principales ingresos proceden del turismo y del derecho de paso por el Canal de Suez. Con eso no basta. El sector agrícola es insuficiente, no produce la cantidad necesaria de alimentos. Y esto es así porque el gobierno está expropiando muchas tierras a los ciudadanos para otros proyectos completamente innecesarios y descabellados.
El presidente ha inaugurado hace poco la nueva capital administrativa, una monstruosidad que sólo sirve para que él y otros altos funcionarios y militares incrementen sus fortunas ya de por sí colosales.
Egipto funciona como Irán o Argelia. El ejército controla todos los resortes de la economía y tiene su propio sistema paralelo. Tiene gasolineras, carnicerías, panaderías, una cadena hotelera, empresas de construcción. Y sus miembros, los militares, no pagan impuestos.
Han tenido que devaluar la moneda, hundiendo en la miseria a millones de personas, millones. Y el gobierno no tolera ningún tipo de oposición o crítica. Lo intentaron en 2012 debido a la presión de la comunidad internacional organizando las primeras y únicas elecciones generales. Y perdieron, los militares perdieron. Y los que ganaron no eran del agrado del ejército, ni de la comunidad internacional que había presionado para organizar los comicios. Entonces el actual presidente, entonces ministro de defensa, perpetró un golpe de estado y reprimió brutalmente las protestas matando a más de mil manifestantes en un solo día.
El presidente Al Sisi ha emprendido una huida hacia adelante a golpe de créditos. Hasta ahora, Arabia Saudí, siempre había regalado cheques en blanco a Egipto. Ya no. Con el último cheque de cincuenta mil millones de dólares, Riad exigió dos islas que se encuentran en el golfo de Aqaba, al sur del Sinaí, único acceso al Mar Rojo que tiene Israel. Y el gobierno de El Cairo aceptó a pesar del enfado de la población.
Otro crédito de treinta y cinco mil millones procedente de los Emiratos Árabes Unidos va a servir para construir una estación balnearia en el Mediterráneo. Pero los emiratos quieren el oro de Sudán, al sur de Egipto, y apoyan al enemigo del gobierno central ayudado por Egipto. Lo que estoy tratando de explicar es que Egipto está perdiendo su soberanía y son los países que le prestan dinero los que dictan su política exterior.
Por ejemplo, Estados Unidos, que desde 1975 aporta entre mil y cinco mil millones anuales en ayuda militar a cambio de que Egipto controle el paso de Rafah, es decir, su frontera con Gaza.
La Unión Europa, banco de todas las dictaduras del mundo, le da dinero a Egipto para que frene el flujo de inmigrantes ilegales. Y todos exigen que Egipto controle a los hermanos musulmanes, matriz de todos los grupos terroristas islamistas y partido que ganó las elecciones en 2012.
Como todos los informes son malos, el gobierno ha diseñado una enorme operación de maquillaje con eventos culturales, festivales, mucha música, muchas luces y ha invitado a periodistas internacionales con todos los gastos pagados para que cuenten lo bien que está Egipto, pero sin que vean la realidad, como las aldeas Potemkin en tiempos de la emperatriz rusa Catalina la Grande. Y muchos periodistas han picado y contado maravillas que son falsas porque la gente se muere de hambre.
El problema es que Egipto no puede caer porque es un polvorín. Si los créditos dejan de llegar, el gobierno no aguanta una semana porque el país está quebrado. Y si cae, los hermanos musulmanes recogerán la ira y frustración de la población. Más terror islámico, más atentados, más secuestros y decapitaciones y el Canal de Suez y todo el comercio que por allí transita estaría en manos de unos terroristas.
Esta es la ecuación: mantener al faraón y su corte de millonarios corruptos y obscenos o dejar que el país se hunda en el caos y que la región sea una zona de terror. Se llama política internacional. Para Occidente es la alternativa del diablo.
Hasta pronto

Publicado el 05/02/2026
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