El espía del sexo
Bienvenidos a la Pequeña España
Estoy seguro de que todos habéis oído hablar de Jeffrey Epstein. Pero, ¿sabéis quién era de verdad?
Epstein era profesor, como José Luis Ábalos. Sí, sí. Pero no tenía título. Fue contratado por un colegio privado y más tarde despedido y se pasó al mundo financiero. Su punto fuerte no eran sus conocimientos bursátiles, su olfato para las transacciones o las inversiones arriesgadas. No era Warren Buffet. En cambio, sí era un genio para cultivar amistades y crear una red de contactos entre los ricos, los influyentes y los poderosos. Hay que saber hacer esas cosas. No todo el mundo vale.
E hizo mucho dinero. Cuando eres rico y conoces a gente igual o más rica que tú que tienen amigos en cargos atractivos, interesantes, es decir, delicados, lo principal para seguir triunfando es hacer favores e identificar los puntos débiles de esos amigos, gente de la alta sociedad, hombres de negocios, políticos, artistas etc. Muchos tenían la misma flaqueza. El sexo no es una flaqueza, pero el sexo con menores, sí. El sexo con prostitutas también es una flaqueza si estás casado, o si te opones abiertamente a la prostitución. A eso se dedicaba Epstein.
Bien. ¿Vosotros creéis que hizo todo eso solo? Y no me refiero a su amiga y socia Ghislaine Maxwell. Creéis que se puede levantar semejante estructura, una enorme red de prostitución, especialmente con menores, con toda la logística necesaria, apartamentos de lujo, casas, mansiones, isla privada, desarrollar el negocio y mantenerlo en secreto durante años. Es cierto que a los poderosos les gusta y necesitan discreción. Vale, allí colaboraba todo el mundo. Era algo así como, yo no te he visto a ti si tú no me has visto a mí. Eso se entiende. Ya, pero aun así, ese negocio del chantaje al máximo nivel no se puede hacer solo y sin protección.
Epstein necesitaba ayuda y garantías de seguridad. ¿En qué estoy pensando?
Estoy convencido de que era un espía, voluntario u obligado, como también estoy convencido de que detrás de todo ese negocio está el Mossad. Israel tiene como único cometido sobrevivir como país. La información es poder y no hay nada mejor que tener a los poderosos de este mundo agarrados por donde más duele, que se lo pregunten a Pedro Sánchez, y él ni siquiera pertenece a lo más granado del orbe.
Cuando estalló el escándalo la opinión pública y los propios investigadores ignoraban la magnitud del entramado. Y cuando, al final, Epstein entró en la cárcel la cosa se puso fea porque no le gustaba su nuevo hogar. Creo que amenazó al Mossad con abrir la boca y contar lo único que no podía contar, la presencia del servicio secreto israelí a su lado y detrás durante todos esos años. Quería que lo sacaran de prisión. Lo sacaron con los pies por delante
Lo encontraron colgado en su celda. Suicidio, dijo el forense. Yo creo que fue un suicidio bastante asistido. Pero no hay pruebas.
Él está muerto pero el informe Epstein sigue haciendo estragos. Acaba de llevarse por delante a dos figuras de la izquierda, una en Francia, Jack Lang, el ex ministro de Cultura más popular de la historia de Francia. Y Peter Mandelson en Gran Bretaña, el intelectual más destacado de la izquierda internacional, arquitecto de la ascensión al poder de Tony Blair.
Cuando destruyen tu reputación, es prácticamente imposible recuperar tu estatus. Ahí tenemos los ejemplos de Plácido Domingo o Kevin Spacey, ambos inocentes. Y tenemos al genio de la informática, Bill Gates, este culpable de haber engañado a su esposa. Por lo visto salió de una juerga con sífilis o gonorrea. Iba sin antivirus.
Hay miles de nombres, miles de personas a las que chantajear o a las que pretendían chantajear porque no todos los que figuran en el informe se han acostado con menores. Pero todos tenemos secretos inconfesables, sean cuales sean. Eso es el informe Epstein. Y ahora, Israel y Donald Trump controlan ese informe.
Hasta pronto.